jueves, 29 de octubre de 2009

Velan para 'derribar' el Puente Atirantado

MURAL / Staff


Aunque durante el día se ven pocas personas en el campamento instalado en el cruce de Lázaro Cárdenas y López Mateos, donde se construye el Puente Atirantado, conforme cae la noche jóvenes y adultos que terminan sus actividades diarias llegan y la zona se va poblando.

En dicho crucero no faltan los automovilistas que les gritan "pónganse a trabajar, no sean flojos", pero los campistas, quienes se oponen a la obra vial, los ignoran.

Pablo López es biólogo, experto en temas de sustentabilidad, tiene dos trabajos y hasta pasadas las 21:00 horas es cuando se da el tiempo de visitar el campamento.

"Todos los que estamos aquí trabajamos temprano, yo creo que más bien trabajamos doble, porque estamos trabajando por la Ciudad, estamos haciendo lo que los políticos no hacen", dijo.

Algunos preferirían hacer otras cosas más atractivas que pasar la noche en un camellón, pero creen que los cambios que ahora se hagan, afectarán a futuro, y eso les preocupa.

Durante dos horas se reúnen alrededor de una linterna, discuten la estrategia para convencer a más personas de la importancia de detener un proyecto "ilegal" como el Puente Atirantado, y luchar por la Ciudad.

Desde las 22:00 horas y hasta pasada la media noche, un círculo de personas sentadas en el piso y con la música de una guitarra de fondo, comparten jamón, queso y café.

Cuatro estudiantes de Ingeniería Ambiental del ITESO llegan al campamento pasada la una de la madrugada ya que no habían terminado la tarea. Como se enteraron que había señal de Internet en el lugar, llevaron sus computadoras para trabajar ahí.

Elisa Álvarez, de 19 años, prepara chocolate para aguantar la guardia, pues le toca cuidar el campamento hasta las 3:00 horas. Sabe que al amanecer, en su clase de las 7:00 horas, el cuerpo le cobrará la desvelada.

Al amanecer, uno a uno los campistas van saliendo de sus tiendas. Economistas, politólogos, sociólogos, comunicólogos, arquitectos, ingenieros, actores, filósofos, abogados, entre otros, se tallan la cara, se acomodan el cabello, se despiden, dan ánimo a los que se quedan, y se van a sus ocupaciones.

Ayer por la tarde, a las 17:00 horas, quedaron de verse afuera de Casa Jalisco para invitar al Gobernador a dialogar en torno a lo que ellos creen, "es la mejor manera de convertir un calvario de motores en una cuidad vivible".

En Casa Jalisco los recibió Mario Reynoso Esparza, de la Subsecretaría de Asuntos del Interior, quien aceptó la invitación al dialogo, pero bajo ciertas condiciones: al día siguiente, en Palacio de Gobierno, y sólo una comisión de cinco personas y sin medios de comunicación.

"Nosotros no representamos a nadie, solamente a nosotros mismos, queremos un diálogo público y venimos a invitarlos personalmente", dijo Paulina Cerdán.

El intento falló. El funcionario se dio la vuelta y desapareció tras las puertas de Casa Jalisco. Los jóvenes se fueron para replantear la estrategia y mantener el campamento.