En pleno Día del Niño, y no es chamaqueada, los habitantes de la metrópoli recibimos otra buena promesa por parte de las autoridades: su intención para que Guadalajara recupere, a partir de 2009, aquel mismo sistema de movilidad que gozaron nuestros abuelos y que —ahora reconocemos con cierta nostalgia— nunca debimos haber abandonado.
Los tranvías eléctricos llegaron a convertirse en uno de los más eficientes sistemas de transporte para la realidad urbana de Guadalajara de inicios del siglo XX, gracias a un grupo de empresarios que puso en funcionamiento el primer tranvía eléctrico de la ciudad en 1907, que vendría a sustituir al sistema de transporte colectivo de tranvías urbanos arrastrados por mulitas (Movilidad, 2001).
El anuncio ocurrió en el marco del primer informe de actividades del ahora responsable del Tren Eléctrico —que ya no es lo mismo que director general del Sistema de Tren Eléctrico Urbano—, Jorge Méndez Gallegos. Por supuesto, como siempre ocurre con este tipo de anuncios, todavía no hay nada en claro. La intención deberá sortear una serie de arenas de decisión —bastante movedizas, por cierto—, antes de convertirse en realidad.
Veamos: en breve se licitará el proyecto ejecutivo que supondrá una erogación de cinco millones de pesos. Ese gasto es sólo para conocer la información mínima indispensable para darle viabilidad al proyecto, como la ubicación del corredor, la extensión de la ruta y “los detalles del nuevo sistema” que, en buen español, quiere decir conocer cuál empresa de las tres interesadas hasta ahora habrá de asumir el compromiso de desarrollar el proyecto. Por lo pronto, comenzó la danza especulativa: 2,500 millones de pesos que, bajo el cobijo de la novísima Ley de Proyectos de Inversión y de Prestación de Servicios Públicos, se disponen a ser ejercidos en la puesta en operación del sistema, en algún lugar de la ciudad aún por definirse, aunque ya adelantaron que podría ubicarse en el corredor Alcalde-16 de Septiembre, entre la glorieta de la Normal y la plaza Juárez, o en avenida Juárez-Vallarta, en sustitución del Pre-Tren, o Mariano Otero o López Mateos, con destino a Plaza del Sol.
Habrá que estar muy atentos a lo que suceda al interior del Comité de Adquisiciones del Siteur, espacio donde se formalizará la decisión sobre el tranvía. No estaría mal que los responsables formales de tomar la decisión le dieran una repasadita a nuestra historia para no tropezar con la misma piedra. Recordemos que en 1924 comenzó a formalizarse el sistema de transporte en autobuses de pasajeros, lo cual provocó intereses económicos que presionaron para que se sustituyera la red de tranvías por autobuses de combustión interna, propósito que lograron culminar con el levantamiento de algunas vías del viejo tranvía hacia el año de 1928 (Movilidad, 2001).
La pregunta obligada es ¿estarán ahora dispuestos a revertir la historia? Para decirlo en términos cinéfilos: todo indica que la nueva apuesta del gobierno del estado será una producción de la versión moderna de una historia ya conocida. Esperamos que Televisa no esté asesorando en el asunto, porque seguro terminaremos con un malogrado refrito.
Roberto Arias de la Mora
• Académico de El Colegio de Jalisco robertoa@cybercable.net.mx