martes, 8 de julio de 2008

Quédese en Guadalajara

Frank Lozano
El futuro se bajó la falda y nos mostró una faceta poco sexy de la ciudad: altos índices de contaminación, saturación vial, agotamiento de su infraestructura, caos en su movilidad, prestación de servicios deficiente, pérdida de competitividad.
El mal viene de mucho tiempo atrás y tiene dos componentes básicos: ausencia de visión y exceso de displicencia. La ausencia de visión se tradujo en un modelo de ciudad disperso y extendido que depredó zonas agrícolas, desvió cuencas hidrológicas, tapó zonas de recarga de aguas, eliminó de un plumazo áreas arboladas, favoreció al amo y señor automovilista, olvidó el espacio público.
La displicencia tuvo que ver con pensar que nada iba a pasar. Una taladita aquí, un fraccionamiento allá, una plaza acullá, ¿y los hospitales, escuelas, parques, centros culturales, oficinas, el transporte público? Sabe. La bienamada protegida de la Minerva os protegería.
No ha sido así. El saldo es negativo en al menos dos aspectos: pérdida de población y deterioro de la calidad de vida. Para Guadalajara municipio no hay alternativa: debe crecer para arriba y en el escenario futuro se presentan muchos conflictos al respecto.
Según datos de la Canadevi, durante el sexenio en curso está proyectada la construcción de 400 mil viviendas económicas y de interés social en el estado. ¿Dónde y cómo se construirán? ¿Cuál es la política que lo determinará? ¿Seguirá reproduciéndose el no modelo de la dispersión, de los cotos, de la vivienda a mansalva sin servicios ni planeación? ¿Cuántas de esas viviendas estarán en Guadalajara, tomando en cuenta que el municipio agotó sus reservas territoriales? ¿Qué hacer para modificar la cultura de los tapatíos que se ilusionan ante el ensoñador escenario de un excelso jardín de cuatro metros cuadrados y terminan viviendo a 40 minutos de su centro de trabajo o de la escuela de sus hijos? ¿Qué hacer para que se queden en Guadalajara?
Hay dos casos que pueden ser paradigmáticos en cuanto a proponer un modelo de desarrollo urbano, planeado y ordenado. Puerta Guadalajara y la edificación de la Villa Panamericana aparecen como una apuesta controlada para redensificar, recuperar espacios deteriorados, renovar el entorno urbano, impulsar los usos de suelo mixtos; también son un modelo de cooperación público-privado.
La lógica es relativamente simple y puede reproducirse en distintas zonas. Busca mediante el desarrollo inmobiliario y la gestión social crear polos de desarrollo que articulen espacios habitacionales, recreativos y productivos con intervenciones arquitectónicas que mejoren el entorno. La autoridad municipal se erige como un verdadero árbitro que regula desde su origen el devenir de la ciudad. Evita la especulación de la tierra, promueve el crecimiento económico, interviene estratégicamente en repoblar zonas específicas.
Cosas como las que suceden en el perímetro de Los Colomos tienen que ver con una visión mezquina y meramente comercial. La presión del dinero no debe convertirse en una mayor presión sobre el bosque. El bien común implica cuidar lo que es de todos contra lo que es de pocos. Pero es obvio que eso resulta poco digerible para muchos constructores y coyotes de alto linaje.

En pocas palabras: debemos pensar a futuro.